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Los últimos instantes de San Martín y el regreso de sus restos a Buenos Aires

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José de San Martín murió el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer. Un relato sobre sus últimos momentos, el destino de sus restos y la llegada del Libertador a Buenos Aires tres décadas después.

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Los últimos instantes de San Martín transcurrieron el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, Francia, cuando el general sufrió un fuerte dolor de estómago y comprendió que su vida estaba llegando al final. Tenía 72 años y se encontraba acompañado por su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce y el médico Jordan. Murió cerca de las tres de la tarde, lejos de la tierra por la que había luchado y muchos años antes de que sus restos fueran trasladados a Buenos Aires.

Los últimos instantes de San Martín quedaron registrados a través de testimonios familiares y de quienes pudieron acercarse a su casa en Francia. El general José de San Martín llevaba una vida retirada en Boulogne-sur-Mer, después de haber dejado atrás la actividad política y militar que lo había convertido en una de las figuras centrales de la independencia sudamericana.

El sábado 17 de agosto de 1850 amaneció con un clima desapacible. San Martín almorzó poco, de acuerdo con sus hábitos, pero poco después comenzó a sentir fuertes dolores de estómago. Se sentó en su sillón habitual mientras esperaba la llegada del médico. El doctor Jordan advirtió la gravedad del cuadro y decidió permanecer en la vivienda para asistirlo.

El episodio no fue solamente el final de una enfermedad o de un deterioro físico acumulado. También representó el cierre de una vida marcada por campañas militares, exilios, decisiones políticas difíciles y una renuncia deliberada a ocupar un lugar de poder en los territorios que había ayudado a liberar. Su muerte se produjo en Francia, pero su figura ya pertenecía a la historia de Argentina, Chile y Perú.

Los últimos instantes de San Martín junto a su familia

Ante la gravedad de la situación, el médico Jordan sugirió a Mercedes que llamara a una hermana de la caridad. La presencia de una religiosa permitiría brindar asistencia durante las horas finales y acompañar al general en un momento que la familia comprendía como decisivo.

Según el relato transmitido por la tradición histórica, San Martín describió su estado con una frase de enorme fuerza: “Esta es la fatiga de la muerte”. No se trató de una proclama pública ni de una declaración política, sino de una expresión íntima dirigida a su hija, en la que reconocía el agotamiento definitivo de su cuerpo.

Después pidió que su yerno lo ayudara a trasladarse hasta la cama. Allí pasó sus últimos momentos, rodeado por sus allegados y con los recuerdos de una existencia intensa. Había nacido el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, entonces vinculado a la jurisdicción de Misiones y actualmente situado en la provincia de Corrientes. Desde muy joven desarrolló una carrera militar que comenzó en España y continuó en América.

San Martín murió alrededor de las tres de la tarde. No hubo una agonía pública ni una ceremonia multitudinaria en ese instante. El hombre que había encabezado el cruce de los Andes y las campañas libertadoras de Chile y Perú falleció en un ámbito doméstico, lejos de los campos de batalla y de los homenajes oficiales que recibiría muchos años más tarde.

El testimonio de Félix Frías y el reloj detenido

Félix Frías llegó a la casa el 18 de agosto, cuando ya no podía conversar con su amigo, pero sí asistir al velatorio. Su testimonio describió un ambiente sobrio y religioso. El rostro de San Martín conservaba, según su observación, los rasgos de un carácter sereno y firme.

Un crucifijo había sido colocado sobre el pecho del difunto y otro descansaba sobre una mesa, entre dos velas encendidas. Dos hermanas de caridad rezaban por el alma del general. La escena reflejaba la sencillez que acompañó sus últimos años y también la dimensión privada de un funeral realizado en una ciudad francesa.

Frías relató además una coincidencia que con el paso del tiempo adquirió un fuerte valor simbólico. En una habitación interior había un reloj de marco negro cuyo sonido marcaba las horas con una cadencia lúgubre. Según su relato, ese reloj se detuvo durante la noche a las tres, el mismo horario en que San Martín había muerto.

El reloj de bolsillo del general también habría quedado detenido a esa hora. No existen elementos para interpretar el episodio más allá de la coincidencia narrada por un testigo, pero el detalle se incorporó a la memoria histórica vinculada con la muerte del Libertador. Este tipo de relatos contribuyó a humanizar una figura que suele aparecer en los manuales como estratega, conductor militar y protagonista de la emancipación continental.

El testamento y el destino que San Martín eligió para su corazón

En su testamento, San Martín dejó expresada una voluntad coherente con la austeridad que había caracterizado buena parte de su vida pública: pidió que no se realizara ningún funeral ostentoso ni se organizara un homenaje desmedido. La decisión también puede entenderse a la luz de su retiro voluntario y de su distancia respecto de las disputas políticas que atravesaban a las nuevas repúblicas.

Sin embargo, incluyó una solicitud de gran importancia simbólica. Deseaba que su corazón descansara en Buenos Aires. La petición mostraba el vínculo que mantenía con la ciudad donde había organizado una parte decisiva de su proyecto americano y desde la cual había comenzado la campaña que culminaría con la independencia de Chile y Perú.

La voluntad no se concretó de inmediato. El cuerpo permaneció en Europa durante décadas y su traslado requirió gestiones diplomáticas, obras conmemorativas y una decisión política del Estado argentino. El regreso de los restos terminó convirtiéndose en un acontecimiento nacional muy distinto del funeral sencillo que el propio San Martín había pedido.

El sarcófago y el largo traslado dentro de Francia

Luego de las tareas de embalsamamiento, el cuerpo fue colocado en un sarcófago compuesto por cuatro envolturas: dos cajas de plomo, una de madera de pino y otra de encina. Sobre la tapa, la familia instaló una placa con sus datos personales y una síntesis de sus principales títulos históricos: guerrero de la independencia argentina y Libertador de Chile y del Perú.

El 20 de agosto de 1850, el sarcófago fue transportado en una carroza fúnebre hasta la iglesia de San Nicolás, en Boulogne. Allí algunos sacerdotes rezaron las oraciones correspondientes. Más tarde, el féretro fue llevado a la catedral de Notre-Dame de Boulogne, donde quedó depositado en una bóveda a la espera de un traslado definitivo a Buenos Aires.

La permanencia en Francia no fue un episodio menor. La distancia geográfica, la organización de una repatriación internacional y la necesidad de preparar un mausoleo hicieron que el retorno se postergara durante treinta años. El proceso también refleja las limitaciones logísticas de la época: el traslado de restos requería coordinación entre gobiernos, autoridades religiosas, empresas de transporte y representantes militares.

El mausoleo proyectado para honrar al Libertador

En septiembre de 1878, la Comisión Central de Homenaje al general San Martín aprobó la maqueta y el presupuesto presentados por el artista francés Carrier-Belleuse para construir un mausoleo en la Catedral de Buenos Aires. El proyecto tenía un costo previsto de 100.000 francos, equivalentes aproximadamente a 10.000 pesos de entonces según la referencia histórica citada por la fuente.

La obra debía estar terminada como máximo el 10 de marzo de 1880, pero el calendario se extendió. Finalmente, el traslado se concretó el 21 de abril de ese año desde el puerto francés de El Havre, a bordo de la nave de la Armada Argentina Villarino.

Los restos habían sido exhumados días antes en el cementerio de Brunoy y trasladados en un tren especialmente acondicionado por el gobierno francés. Las autoridades de ese país dispusieron una comitiva civil y militar y la participación del Regimiento número 119 de Infantería para rendir honores a quien era reconocido como un jefe de Estado en la memoria continental.

La llegada de los restos de San Martín a Buenos Aires

El buque llegó a Buenos Aires el 28 de mayo de 1880. El gobierno decretó feriado nacional y organizó una ceremonia pública de gran magnitud. Las exequias fueron encabezadas por el presidente Nicolás Avellaneda y contaron con la presencia del expresidente Domingo Faustino Sarmiento, además de autoridades civiles, militares y representantes de distintos sectores de la sociedad.

El contraste con el pedido de un funeral sin grandes homenajes resulta evidente. En Francia, San Martín había sido despedido en un ámbito reducido, con familiares, religiosos y amigos. En Buenos Aires, en cambio, el regreso de sus restos se transformó en un acto de afirmación nacional y de reconocimiento a una figura que ya ocupaba un lugar central en el relato de la independencia.

El féretro fue colocado en el mausoleo ubicado en la entrada de la Catedral Metropolitana. La estructura del sarcófago no había sido calculada correctamente para el espacio disponible, por lo que los restos debieron quedar inclinados y en posición vertical. El detalle, asociado a las características del monumento, forma parte de la historia material del lugar donde todavía reciben homenaje miles de visitantes.

De la muerte en Francia a la memoria pública argentina

La trayectoria posterior a la muerte de San Martín muestra cómo una figura histórica puede adquirir nuevos significados con el paso del tiempo. En 1850, su despedida fue discreta y se realizó en una ciudad europea. En 1880, la llegada de sus restos fue presentada como un acontecimiento nacional, con feriado, autoridades y una ceremonia de amplia repercusión pública.

Ese proceso no modificó los hechos esenciales de su vida, pero sí transformó la manera en que fueron recordados. El traslado permitió vincular físicamente al general con Buenos Aires, una ciudad decisiva en su carrera y también un espacio central para la construcción de la identidad argentina. La Catedral Metropolitana se convirtió así en un lugar de memoria, junto con otros sitios asociados a la independencia.

La frase atribuida a San Martín sobre su disposición a luchar por la libertad “en el último rincón de la tierra en que me halle” resume una dimensión que excede las fronteras nacionales. Su legado se relaciona con la independencia sudamericana, la planificación militar, la cooperación entre territorios y la decisión de apartarse del poder cuando entendió que su presencia podía profundizar conflictos internos.

Qué significa hoy conocer los últimos instantes de San Martín

Conocer los últimos instantes de San Martín permite acercarse al prócer desde una perspectiva diferente a la de las campañas militares. La escena del sillón, la asistencia de su familia, la presencia del médico y la frase sobre la fatiga de la muerte muestran a una persona mayor enfrentada a su propia fragilidad.

Para escuelas, instituciones culturales y familias, el episodio ofrece una forma concreta de explicar la relación entre historia pública y memoria privada. También ayuda a comprender que el reconocimiento nacional no siempre acompaña inmediatamente a los protagonistas de un proceso político. En el caso de San Martín, la consagración monumental llegó después de su muerte y tras tres décadas de espera.

La historia del sarcófago, el viaje desde Francia y la ubicación final en la Catedral de Buenos Aires agrega una dimensión logística que suele quedar fuera de las narraciones escolares. Recuperar esos detalles permite observar cómo se organizaban los traslados internacionales en el siglo XIX y cómo los Estados utilizaban las ceremonias públicas para consolidar símbolos compartidos.

La muerte de San Martín ocurrió en una habitación de Boulogne-sur-Mer, pero su memoria continuó viajando hasta Buenos Aires. El contraste entre su despedida austera y el homenaje multitudinario de 1880 explica por qué cada 17 de agosto no solo se recuerda una fecha, sino también el recorrido de un legado que atravesó fronteras, generaciones y formas distintas de construir la identidad nacional. La reconstrucción original consultada puede leerse en la publicación de Clarín sobre los últimos momentos de San Martín.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Cuándo y dónde murió José de San Martín?

José de San Martín murió el 17 de agosto de 1850, cerca de las tres de la tarde, en Boulogne-sur-Mer, Francia. Tenía 72 años y estaba acompañado por su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce, el médico Jordan y una hermana de la caridad convocada ante la gravedad de su estado.

¿Qué quiso decir San Martín con “la fatiga de la muerte”?

La frase fue pronunciada durante sus últimas horas, cuando sufría fuertes dolores y comprendía que su estado era muy grave. San Martín se la dirigió a su hija Mercedes como una manera íntima de describir el agotamiento físico que experimentaba antes de ser trasladado a su cama.

¿Cuándo llegaron los restos de San Martín a Buenos Aires?

Los restos del Libertador llegaron a Buenos Aires el 28 de mayo de 1880, después de partir desde el puerto francés de El Havre a bordo de la nave de la Armada Argentina Villarino. El gobierno organizó exequias públicas y decretó un feriado nacional para recibirlos.

¿Dónde descansan actualmente los restos de San Martín?

Los restos de José de San Martín descansan en el mausoleo ubicado en la entrada de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. El espacio fue construido para rendirle homenaje y forma parte de los principales sitios históricos de la ciudad vinculados con la independencia argentina.

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