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Científica argentina gana un premio de la ONU por transformar cultivos

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Renata Reinheimer, investigadora del CONICET y cofundadora de INFIRA, fue distinguida por la OMPI por una tecnología que busca desarrollar cultivos perennes y reducir el impacto ambiental de la agricultura.

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La científica argentina Renata Reinheimer ganó junto con su equipo los Premios Mundiales de la OMPI 2026 por el desarrollo de INFIRA, una empresa biotecnológica que busca transformar cultivos anuales en variedades capaces de vivir durante varios años y rebrotar después de cada cosecha. La investigadora del CONICET también recibió una mención especial como Mejor Emprendedora 2026, en un reconocimiento que pone en primer plano el vínculo entre la ciencia pública argentina, la innovación agropecuaria y la creación de empresas de base tecnológica.

El reconocimiento internacional obtenido por Renata Reinheimer y la compañía INFIRA representa mucho más que un premio para una startup biotecnológica. También expone un recorrido de más de quince años que comenzó en laboratorios de Santa Fe, continuó con investigaciones sobre la evolución de las gramíneas y desembocó en una tecnología orientada a uno de los desafíos más complejos del sector agropecuario: producir alimentos sin profundizar el deterioro de los suelos ni aumentar innecesariamente el consumo de recursos.

Los WIPO Global Awards 2026 son entregados por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), un organismo especializado de las Naciones Unidas que reconoce proyectos con capacidad innovadora y potencial de impacto. INFIRA fue seleccionada junto con su equipo entre emprendimientos tecnológicos de alcance internacional. Además, Reinheimer recibió una distinción individual como Mejor Emprendedora 2026.

La noticia fue difundida originalmente por Clarín. El caso resulta relevante para la Argentina porque muestra cómo una investigación desarrollada en una universidad pública puede avanzar hacia la protección de propiedad intelectual, la validación productiva y la búsqueda de mercados internacionales.

Científica argentina gana premio ONU: La investigación argentina detrás de INFIRA

El punto de partida del trabajo de Reinheimer fue una pregunta científica sobre la evolución de los cultivos. Junto con investigadores de la Universidad Nacional del Litoral y del CONICET, analizó por qué especies como el maíz, el trigo y el arroz habían perdido, durante miles de años de domesticación, algunas características que todavía conservaban sus antepasados silvestres.

Entre esas cualidades se encuentran la mayor longevidad y la capacidad de volver a crecer después de una cosecha. En términos agrícolas, se trata de rasgos asociados con las plantas perennes, que pueden permanecer activas durante más de una temporada y rebrotar sin requerir una nueva siembra completa.

La domesticación permitió convertir determinadas especies en cultivos de alto rendimiento y adaptarlas a las necesidades humanas. Sin embargo, ese proceso también redujo o eliminó capacidades biológicas presentes en los ancestros silvestres. El equipo de investigación identificó bases genéticas vinculadas con esos rasgos y, con el tiempo, observó que el hallazgo podía convertirse en una herramienta aplicada.

La posibilidad de recuperar parte de esas características no implica una modificación inmediata de todos los cultivos ni garantiza por sí sola resultados productivos. Requiere estudios, ensayos, evaluación ambiental, validaciones en distintas condiciones y un desarrollo tecnológico capaz de responder a las necesidades concretas de los productores. Ese es el camino que INFIRA intenta recorrer.

Cultivos perennes para cambiar el ciclo agrícola

La propuesta de INFIRA apunta a desarrollar variedades que puedan vivir durante varios años y rebrotar luego de la cosecha. En el modelo agrícola predominante, muchos cultivos deben sembrarse nuevamente en cada campaña. Esa repetición exige preparar el suelo, utilizar semillas, movilizar maquinaria y realizar tareas que implican costos económicos y consumo de combustible.

Un cultivo con comportamiento perenne podría modificar parte de esa dinámica. Si logra mantener una productividad adecuada y resistir las condiciones del ambiente, permitiría reducir la frecuencia de resiembra y conservar una cobertura vegetal más estable. Esa cobertura puede contribuir a disminuir la erosión, proteger el suelo frente a lluvias intensas y favorecer una mejor retención de humedad.

La tecnología todavía debe demostrar su desempeño a escala productiva. La propia Reinheimer señaló que el objetivo principal de la empresa no es solamente obtener reconocimientos, sino lograr que sus desarrollos lleguen al campo y puedan comprobar su impacto en condiciones reales. La transición entre un ensayo controlado y una producción comercial suele demandar años de evaluación.

El arroz aparece como el proyecto más avanzado

Dentro de la cartera de investigación de INFIRA, el arroz es actualmente el cultivo más avanzado. La empresa también trabaja sobre otras especies, aunque la información pública disponible no permite establecer un calendario definitivo para su llegada al mercado ni anticipar qué variedades podrían utilizarse primero en distintas regiones.

El arroz tiene una importancia estratégica para la alimentación mundial y, al mismo tiempo, presenta desafíos ambientales vinculados con el uso del agua, la salud del suelo y las emisiones asociadas a determinados sistemas de producción. Por ese motivo, cualquier tecnología destinada a mejorar su permanencia, productividad o eficiencia debe ser analizada con criterios agronómicos y ambientales rigurosos.

El desarrollo de cultivos perennes tampoco reemplazaría automáticamente todas las prácticas actuales. Los productores deberían evaluar la adaptación de cada variedad al clima, la disponibilidad hídrica, las plagas, las enfermedades, la calidad del grano, las exigencias de la industria y las condiciones comerciales. La utilidad de la innovación dependerá de su capacidad para integrarse en sistemas productivos concretos.

Qué cambia cuando una investigación sale del laboratorio

Uno de los aspectos más significativos del caso es el proceso de transformación de un conocimiento académico en una empresa. Reinheimer explicó que el equipo tuvo que incorporar herramientas vinculadas con la propiedad intelectual, las inversiones, los negocios agropecuarios y la relación con compañías del sector.

Ese pasaje exige adoptar decisiones diferentes de las que suelen formar parte de una carrera científica. En un laboratorio, una hipótesis se prueba mediante ensayos y resultados reproducibles. En una empresa, además, es necesario definir quién utilizará la tecnología, cómo se protegerá el desarrollo, qué riesgos existen, qué regulaciones deben cumplirse y qué modelo permitirá sostener las investigaciones a largo plazo.

La protección de la propiedad intelectual ocupa un lugar central en ese proceso. INFIRA cuenta con patentes concedidas y solicitudes presentadas en 33 países, además de presencia de marca en los cinco continentes, según la información difundida por la compañía y recogida en la cobertura periodística. Las patentes no garantizan una adopción comercial, pero pueden proteger los avances y facilitar acuerdos con empresas, instituciones o productores.

También es necesario validar el funcionamiento de la tecnología en distintos ambientes. Un resultado obtenido en Santa Fe no necesariamente se replica de la misma manera en otra región agrícola. Las diferencias de temperatura, suelo, disponibilidad de agua, duración de los ciclos y manejo agronómico pueden modificar el desempeño de una variedad.

El papel de la universidad pública y el CONICET

Reinheimer destacó que la Universidad Nacional del Litoral y el CONICET fueron fundamentales para la formación de los investigadores, la disponibilidad de infraestructura y la protección de la propiedad intelectual. Esa referencia permite observar que el emprendimiento no surgió de manera aislada, sino apoyado en capacidades científicas construidas durante años.

Las universidades públicas cumplen una función que excede la enseñanza. Sus laboratorios, equipos técnicos y grupos de investigación pueden generar conocimientos que luego encuentran aplicaciones en la industria, la salud, la energía o el agro. Cuando existen mecanismos de vinculación adecuados, esos avances pueden convertirse en patentes, licencias, empresas de base tecnológica y nuevos servicios.

El caso también muestra las dificultades de ese recorrido. Muchos descubrimientos no llegan a una etapa comercial porque requieren financiamiento, asesoramiento legal, acceso a infraestructura, socios industriales y tiempo para superar las pruebas necesarias. La creación de una empresa puede ayudar a ordenar ese proceso, aunque también obliga a asumir riesgos y competir en mercados internacionales.

Para la Argentina, la experiencia de INFIRA funciona como una referencia sobre el potencial de la investigación local. No significa que todos los desarrollos puedan transformarse en negocios ni que el reconocimiento internacional resuelva los obstáculos del sistema científico. Sí evidencia la importancia de sostener políticas de investigación, formación especializada y transferencia tecnológica.

Beneficios esperados y límites que todavía deben comprobarse

La empresa espera que sus cultivos contribuyan a aumentar los rendimientos, reducir costos de producción y mejorar las propiedades del suelo. Esas posibilidades están vinculadas con la menor necesidad de resiembra y con una presencia más prolongada de las plantas en el terreno. Sin embargo, se trata de objetivos en evaluación y no de resultados definitivos aplicables a toda la agricultura.

Para que un cultivo perenne sea viable debe combinar varios atributos: productividad, estabilidad, calidad del producto, resistencia a enfermedades, adaptación climática y compatibilidad con la maquinaria disponible. También debe ofrecer una ventaja suficiente frente a las variedades tradicionales para justificar la inversión y los cambios en el manejo del establecimiento.

La evaluación ambiental será igualmente importante. Una planta que permanece más tiempo en el suelo podría aportar beneficios, pero cualquier innovación agrícola debe analizar sus efectos sobre la biodiversidad, el uso de insumos, la disponibilidad de agua y la interacción con otros cultivos. La incorporación responsable requiere ensayos transparentes y controles acordes con la normativa vigente.

Desde la perspectiva de los productores, la adopción dependerá de información confiable y de resultados observables. Las decisiones no se basan solamente en una promesa tecnológica: también intervienen el acceso a semillas, el acompañamiento técnico, los contratos de comercialización, las exigencias de los compradores y la posibilidad de asegurar la producción frente a eventos climáticos.

Un reconocimiento que amplía la visibilidad de la ciencia argentina

La distinción personal como emprendedora tiene un significado adicional para Reinheimer, que durante buena parte de su trayectoria se desempeñó como docente e investigadora. Convertirse en fundadora de una empresa implicó aprender lenguajes y prácticas propias del mundo empresarial, asumir incertidumbres y participar en decisiones que no suelen formar parte de la actividad académica cotidiana.

El premio también visibiliza la participación de mujeres argentinas en áreas científicas y tecnológicas de alta complejidad. La biotecnología agrícola reúne conocimientos de genética, biología, agronomía, propiedad intelectual y gestión empresarial. La presencia de referentes en ese cruce puede alentar a estudiantes e investigadores jóvenes a considerar caminos profesionales que combinen ciencia y desarrollo productivo.

La repercusión internacional puede facilitar conversaciones con instituciones, empresas y potenciales socios, aunque cualquier acuerdo deberá estar acompañado por pruebas técnicas y evaluaciones regulatorias. La exposición pública ayuda a presentar el proyecto, pero no sustituye la validación que exige el sector agropecuario.

INFIRA y el desafío de convertir reconocimiento en adopción productiva

Para INFIRA, el próximo paso consiste en demostrar que sus desarrollos pueden funcionar a escala productiva. Ese desafío incluye ampliar los ensayos, comparar resultados con cultivos convencionales, estudiar la respuesta en distintos ambientes y definir cómo se integraría la tecnología a las cadenas de semillas y alimentos.

El éxito dependerá tanto de la ciencia como de la capacidad de construir alianzas con actores del agro. Empresas semilleras, instituciones de investigación, productores, organismos regulatorios y compañías alimentarias podrían intervenir en distintas etapas del proceso. La articulación será necesaria para que una innovación desarrollada en el laboratorio pueda transformarse en una herramienta disponible y confiable.

La protección internacional de las patentes puede favorecer esa expansión, pero también plantea la necesidad de administrar una estrategia global. Cada país tiene requisitos diferentes para registrar variedades, autorizar tecnologías y comercializar productos agrícolas. La presencia internacional de una marca no equivale a la disponibilidad inmediata de una solución en todos esos mercados.

Por qué el premio a INFIRA puede mejorar su visibilidad ante socios agroindustriales

El reconocimiento de la OMPI puede fortalecer la visibilidad orgánica de INFIRA y facilitar que empresas, instituciones científicas y potenciales aliados encuentren información sobre el proyecto. En sectores especializados, una cobertura periodística confiable y la aparición en espacios institucionales ayudan a construir contexto alrededor de una tecnología que todavía se encuentra en etapa de desarrollo.

Para una empresa biotecnológica, esa visibilidad debe estar respaldada por contenidos claros sobre sus investigaciones, patentes, cultivos evaluados y objetivos productivos. También resulta importante diferenciar entre resultados comprobados, proyecciones y líneas de trabajo futuras. Esa precisión favorece la confianza de productores, inversores y socios técnicos que necesitan tomar decisiones con información verificable.

El premio no convierte por sí solo a INFIRA en una solución comercial masiva, pero sí puede abrir nuevas conversaciones y aumentar el interés por la innovación agropecuaria argentina. La verdadera medida del impacto llegará cuando la tecnología sea evaluada en el campo y pueda demostrar, con evidencia, si mejora la productividad y ayuda a conservar el suelo.

La historia de Reinheimer deja planteado un recorrido concreto: investigar, proteger el conocimiento, crear una empresa, validar los resultados y llegar a los sistemas productivos. El reconocimiento internacional marca un hito importante, pero el objetivo que la científica considera decisivo todavía depende de la experimentación y de la capacidad de convertir una idea nacida en Santa Fe en una herramienta útil para agricultores de distintas regiones.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Quién es Renata Reinheimer?

Renata Reinheimer es doctora en Ciencias Biológicas, investigadora del CONICET y cofundadora de INFIRA, una empresa biotecnológica creada en 2020. Su trabajo se concentra en recuperar características perennes de cultivos que fueron modificadas durante la domesticación, con el objetivo de desarrollar alternativas para una agricultura más productiva y cuidadosa del suelo.

¿Qué premio recibió INFIRA?

INFIRA recibió junto con su equipo los WIPO Global Awards 2026, reconocimientos otorgados por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, organismo especializado de las Naciones Unidas. Además, Reinheimer obtuvo una mención especial como Mejor Emprendedora 2026 por su participación en el desarrollo y la transformación de la investigación científica en una empresa.

¿Qué son los cultivos perennes?

Son cultivos capaces de vivir durante varios años y rebrotar después de una cosecha, a diferencia de muchas especies anuales que deben sembrarse nuevamente en cada campaña. Su desarrollo podría reducir algunas tareas de preparación y resiembra, aunque sus beneficios productivos y ambientales deben comprobarse mediante ensayos en distintas condiciones agrícolas.

¿En qué cultivo está más avanzado el proyecto de INFIRA?

El arroz es el cultivo más avanzado dentro del proyecto, de acuerdo con la información difundida por Reinheimer. La empresa también trabaja sobre otras especies. Todavía no existe un calendario definitivo de comercialización, porque la tecnología debe superar nuevas etapas de validación agronómica, ambiental y regulatoria antes de llegar a una adopción amplia.

¿Qué papel tuvieron el CONICET y la Universidad Nacional del Litoral?

Ambas instituciones aportaron formación científica, infraestructura, equipos de investigación y apoyo para proteger la propiedad intelectual. Ese respaldo fue decisivo para que un descubrimiento desarrollado en el ámbito académico pudiera avanzar hacia una empresa de base científico-tecnológica con patentes y proyección internacional.

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