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Fue a revisar una humedad en Lanús y reencontró a la bebé que cuidó en 1996

12 min de lectura

Daniel Cortina llegó a una casa de Lanús para presupuestar un tratamiento contra la humedad y descubrió que allí vivía Belén, una mujer a la que había cuidado durante sus primeros 45 días de vida, antes de su adopción.

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Una reparación de humedad en una casa de Lanús terminó en un reencuentro inesperado entre Daniel Cortina y Belén Zuccalmaglio, la bebé que él y su esposa Mónica habían cuidado durante 45 días en 1996. El albañil fue enviado de manera excepcional a elaborar el presupuesto, firmó la hoja con su apellido y ese detalle permitió que la familia identificara al hombre mencionado en una carta que Belén conservaba desde su infancia.

Daniel Cortina llegó a una vivienda de Lanús con una tarea habitual: revisar un problema de humedad, calcular los materiales necesarios y preparar un presupuesto. No sabía que esa visita iba a conectar el presente de una familia con uno de los capítulos más sensibles de su historia. Tampoco imaginaba que, al escribir su apellido al pie de una hoja, iba a ser reconocido por personas a las que no veía desde hacía más de tres décadas.

La dueña de la casa leyó el nombre “Cortina” y sintió que algo le resultaba familiar. Horas después, cuando su hija Belén regresó de una clase de educación física, le comentó que había recibido la visita de un trabajador con ese apellido. Belén no tardó en asociarlo con una carta que guardaba desde hacía años entre sus pertenencias más importantes.

En aquella hoja aparecían los nombres de Mónica y Daniel Cortina, la pareja que la había recibido en su casa cuando era una recién nacida. Para Belén, la carta era uno de los pocos documentos que conservaba sobre sus primeros días de vida, antes de ser adoptada. La había leído tantas veces que recordaba los nombres y parte de la información escrita allí: sus horarios de alimentación, sus horas de sueño y algunos detalles de su cuidado.

La comparación de la firma y el apellido confirmó lo que parecía imposible. El hombre que había llegado para observar una pared húmeda era la misma persona que había sostenido, alimentado y acompañado a Belén cuando tenía apenas 45 días de vida.

reencuentro en Lanús: El presupuesto que abrió una historia familiar en Lanús

El encuentro se produjo por una casualidad concreta. Daniel trabajaba con otra persona en tratamientos vinculados con la humedad, y habitualmente era su compañero quien visitaba los domicilios para analizar los problemas y elaborar los presupuestos. Sin embargo, ese día surgió un imprevisto y Cortina tuvo que reemplazarlo.

La familia de Belén había contratado el servicio a partir de una recomendación, sin conocer de antemano quién concurriría a la vivienda. La visita parecía una más entre tantas: revisar el estado de los ambientes, identificar el origen de la humedad y estimar el trabajo. Daniel se retiró sin cruzarse con Belén, que todavía no había vuelto a su casa.

Cuando la joven llegó, su madre le mencionó el apellido del visitante. Belén recordó de inmediato la carta y fue a buscarla. El documento había permanecido guardado durante años porque representaba un vínculo material con una etapa que no podía reconstruir a través de sus propios recuerdos. Allí aparecía la firma de Daniel junto con la de Mónica, quienes habían sido su familia de abrigo.

La confirmación también sorprendió a sus padres adoptivos. Al observar la firma y escuchar la descripción del hombre, no tuvieron dudas de que se trataba de la misma persona. Entonces decidieron avanzar con el trabajo y pidieron que Daniel regresara a la casa. Él aceptó sin saber que la solicitud escondía un motivo muy distinto al de la reparación.

Una segunda visita marcada por la emoción

Daniel se enteró de la relación cuando habló con el padre de Belén. Según relató, el hombre se quebró durante la conversación y le explicó que conocían a la familia Cortina porque, en 1996, Daniel y Mónica habían cuidado a su hija. Para el albañil, la noticia fue un impacto inmediato: la última vez que había visto a Belén era una bebé de poco más de un mes.

El reencuentro estuvo atravesado por los abrazos, las lágrimas y una identificación muy profunda. Daniel llamó a Belén por Carolina, el nombre que había tenido antes de la adopción y que solo conocían quienes habían participado de sus primeros días. Para la joven, escuchar ese nombre tuvo un valor especial porque la conectó con una parte de su identidad que durante años estuvo incompleta.

La reunión también permitió recuperar imágenes que Belén no tenía. La familia Cortina no había conservado fotografías de aquella etapa, pero sus padres adoptivos sí contaban con algunas. Con el paso del tiempo, Belén pudo mostrárselas a Daniel y Mónica. Para ellos, esas fotos representaron una forma de reencontrarse con la bebé que habían cuidado; para ella, significaron acceder a recuerdos visuales de una época anterior a la adopción.

Desde entonces, el vínculo continuó. Belén mantiene comunicación con los Cortina y procura que estén al tanto de su vida. En los años posteriores también pudieron conocer a Luca, su hijo, un bebé de 15 meses al momento de la entrevista original. Ese encuentro amplió una relación que había comenzado en circunstancias difíciles, pero que logró sostenerse a través del tiempo.

Qué significa ser una familia de abrigo

Daniel y Mónica son familia de abrigo desde 1992. Durante más de treinta años recibieron en su hogar a bebés que, por una decisión judicial, necesitaban un espacio de cuidado transitorio mientras se resolvía su situación familiar. No se trata de una adopción ni de una relación destinada a reemplazar a la familia de origen o a definir el futuro del niño.

La tarea consiste en brindar atención cotidiana durante un período determinado: alimentación, descanso, higiene, controles y contención afectiva. En el caso de los recién nacidos, el contacto permanente con un adulto puede resultar especialmente importante, ya que necesitan cuidados constantes y respuestas rápidas frente al hambre, el frío, el llanto o el miedo.

Belén permaneció 45 días con los Cortina. Mónica recordó que, en aquella época, esos plazos eran habituales dentro de los procesos de cuidado transitorio. El destino de cada bebé dependía de las resoluciones judiciales y de las circunstancias particulares de su familia. En algunos casos, los hogares de abrigo podían acompañar la entrega; en otros, la despedida ocurría sin que volvieran a tener noticias.

La experiencia de los Cortina muestra una de las tensiones más difíciles de esta tarea: cuidar con cercanía y, al mismo tiempo, aceptar que el vínculo tiene una duración limitada. Cada despedida puede ser dolorosa, pero el objetivo es que el bebé atraviese ese período en un entorno seguro y afectuoso.

Las fotos y las cartas como parte de la identidad

La historia de Belén también revela el valor que pueden adquirir los registros de los primeros meses de vida. Una carta con información sencilla y algunas fotografías terminaron siendo piezas fundamentales para que pudiera reconstruir parte de su historia personal. Los datos sobre cómo dormía, cuánto comía o quién la acompañaba no eran anécdotas menores: constituían recuerdos de una etapa que ella no podía recuperar por sí misma.

Mónica explicó que muchas familias de abrigo comenzaron a registrar con mayor frecuencia esos momentos y a entregar las imágenes a los adoptantes. La intención no es conservar recuerdos para sí, sino preservar información que pertenece al niño y que puede ser importante cuando crezca. Fotografías, cartas y relatos sobre las rutinas cotidianas pueden ayudar a construir una narración personal más completa.

Para Belén, la importancia de esos gestos quedó clara cuando visitó nuevamente a los Cortina y vio a otro bebé de abrigo. El niño le tomó un dedo para quedarse dormido, una escena que Mónica reconoció porque, según recordó, Belén hacía lo mismo cuando era pequeña. Ese gesto físico y simple sintetiza la necesidad de contacto que tienen los bebés, especialmente cuando atraviesan una separación o no cuentan con una persona estable a su lado.

El acceso a los antecedentes y una búsqueda que llevó años

Belén supo que era adoptada cuando tenía ocho años. A partir de entonces comenzó a esperar el momento en que pudiera acceder a su expediente judicial. Durante su infancia no contaba con información suficiente sobre su nacimiento, la situación de su madre biológica ni las personas que la habían cuidado antes de la adopción.

Cuando cumplió 18 años, inició los trámites para consultar la documentación. Sin embargo, se encontró con una dificultad inesperada: le informaron que el juzgado se había inundado y que no estaba claro si el expediente podía conservarse. La noticia generó angustia porque ese archivo era una de las vías principales para conocer su pasado.

Tiempo después, mediante una gestión vinculada con una persona conocida por la familia, logró recuperar el expediente. El documento aportó algunos datos, entre ellos que su madre se encontraba en situación de calle y que la había dejado en un hospital poco después del nacimiento. Pero la documentación no respondió todas sus preguntas ni le permitió acceder a imágenes de sus primeros días.

El reencuentro con Daniel y Mónica completó una parte que el expediente no podía ofrecer. Los Cortina aportaron recuerdos, fotografías y una mirada personal sobre cómo era Belén de bebé. También pudieron transmitirle algo que no figuraba en una resolución judicial: que había sido cuidada, abrazada y acompañada durante ese período.

Los prejuicios que todavía rodean a la adopción

La experiencia de Belén no estuvo marcada únicamente por la búsqueda de sus orígenes. También debió enfrentar comentarios y situaciones que muestran la persistencia de prejuicios sobre la adopción. A su familia le preguntaron en alguna ocasión si no podía haber conseguido una hija “más parecida” y escucharon expresiones que trataban a la adopción como si fuera una forma de modificar o domesticar a un niño.

También relató episodios en hoteles, teatros y otros espacios cotidianos en los que algunas personas no reconocían el vínculo familiar o trataban a Belén como una acompañante ajena. Esas situaciones pueden resultar especialmente dañinas porque reducen una historia familiar compleja a la apariencia física y desconocen que una familia no se define por el parecido corporal.

Belén cuestiona además la idea de que las personas adoptadas heredan inevitablemente problemas de sus familias de origen o que fueron “rescatadas” por sus padres adoptivos. Para ella, la identidad se construye con información, afecto y honestidad. Ocultar los antecedentes puede dificultar ese proceso y dejar preguntas sin respuesta durante muchos años.

Mónica sostiene una mirada similar cuando afirma que las madres que adoptan no deberían presentarse únicamente como “mamás adoptivas”. La adopción forma parte de la historia familiar, pero no convierte el vínculo cotidiano en algo menos real. La crianza, el cuidado y el amor también se construyen en la vida diaria.

Más hogares para bebés que necesitan cuidado transitorio

Después de más de tres décadas como familia de abrigo, Daniel reconoce que cada despedida puede generar la intención de no volver a asumir ese rol. Sin embargo, cuando reciben el aviso de que hay un bebé sin hogar, vuelven a evaluar la posibilidad de abrir la puerta. La decisión requiere disponibilidad emocional, organización familiar y capacidad para aceptar que el vínculo tendrá un plazo definido.

Los Cortina señalan que existen pocas familias dispuestas a asumir esta responsabilidad y que los bebés necesitan hogares preparados para recibirlos. El cuidado también implica gastos, tiempo y coordinación con los organismos que intervienen en cada caso. Por eso, además de quienes pueden ofrecer alojamiento transitorio, resultan importantes las redes de apoyo y la colaboración responsable con las instituciones especializadas.

La historia de Belén permite dimensionar el efecto que puede tener ese acompañamiento décadas después. Para ella, Daniel y Mónica fueron sus primeros estímulos y las personas que la cuidaron durante una etapa que no recuerda conscientemente, pero que forma parte de su desarrollo. La presencia de ambos le permitió recuperar una dimensión afectiva de su historia que no estaba registrada en los papeles.

Una reparación de humedad que ganó visibilidad por su valor humano

El reencuentro en Lanús también muestra cómo una noticia local puede adquirir relevancia para empresas y usuarios cuando detrás de un servicio cotidiano aparece una historia social más amplia. La visita de Daniel se originó en un trabajo concreto de mantenimiento edilicio, pero la identificación de su apellido transformó una evaluación técnica en un acontecimiento familiar.

Para los negocios que prestan servicios en viviendas, el episodio recuerda la importancia de trabajar con trato respetuoso, claridad y responsabilidad. Un presupuesto, una visita de diagnóstico o una reparación pueden ser instancias de contacto directo con personas y hogares que atraviesan historias muy distintas. La confianza suele construirse en esos intercambios simples, no solo en el resultado final del trabajo.

La publicación original de esta historia fue realizada por Clarín. El caso fue retomado por su valor periodístico y humano, pero también porque permite hablar de una realidad concreta: la necesidad de contar con más familias de abrigo y de preservar la información que ayuda a los niños adoptados a conocer sus primeros años.

Daniel creía que ese día solo iba a revisar una pared afectada por la humedad. Sin buscarlo, terminó frente a una mujer que había esperado gran parte de su vida para completar una parte de su historia. El abrazo entre ambos no modificó el pasado, pero sí permitió ponerle rostros, recuerdos y afecto a una etapa que durante años había existido apenas en una carta.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Cómo se produjo el reencuentro en Lanús?

Daniel Cortina fue a una vivienda de Lanús para revisar un problema de humedad y preparar un presupuesto. La dueña de casa reconoció su apellido porque coincidía con el de una carta que Belén conservaba desde niña. El documento estaba firmado por Daniel y Mónica, quienes la habían cuidado durante sus primeros 45 días de vida.

¿Qué es una familia de abrigo?

Es una familia que recibe temporalmente a un niño, generalmente por decisión judicial, mientras se define su situación familiar. Su función es brindar cuidado, alimentación, protección y contención durante un período limitado. No equivale a una adopción y requiere disponibilidad para acompañar también el momento de la separación.

¿Por qué eran importantes la carta y las fotografías para Belén?

Belén no tenía recuerdos propios de sus primeros días de vida ni muchas imágenes anteriores a la adopción. La carta aportaba información sobre sus rutinas y estaba firmada por quienes la habían cuidado. Las fotografías y los relatos de Daniel y Mónica le permitieron reconstruir una parte afectiva de su historia personal.

¿Cuándo supo Belén que era adoptada?

Belén se enteró de que era adoptada cuando tenía ocho años. Desde entonces esperó hasta cumplir 18 para intentar acceder a su expediente judicial y conocer más detalles sobre su nacimiento y sus primeros meses. El documento se había visto afectado por una inundación, aunque posteriormente pudo ser recuperado.

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