Elsa Osorio recomienda un libro infantil sobre diversidad y afecto
La escritora Elsa Osorio eligió Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, de Luis Sepúlveda, como un libro para compartir con chicos por su defensa de la diversidad, la imaginación y la lectura sin pantallas.

Elsa Osorio recomienda un libro infantil que, según explicó, le habría gustado descubrir durante su propia infancia: Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, de Luis Sepúlveda. La autora argentina destacó la capacidad del relato para abordar la diversidad, los vínculos afectivos y la superación de los prejuicios mediante una historia accesible para los chicos y, al mismo tiempo, rica en sentidos para los adultos.
Elsa Osorio recomienda un libro infantil que no fue necesariamente un clásico de su niñez, sino una obra que hubiera querido recibir cuando era chica. Se trata de Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, del escritor chileno Luis Sepúlveda, una novela breve que combina aventura, humor, viajes y una reflexión sobre los vínculos entre seres diferentes.
La elección fue compartida por Osorio en una entrevista con Clarín, donde la escritora explicó por qué considera que esta historia puede convertirse en un regalo significativo para los chicos. Su mirada no se limita a recomendar una lectura entretenida: también pone en primer plano el valor de los libros para formar sensibilidad, estimular la imaginación y abrir conversaciones sobre temas que atraviesan la vida cotidiana.
libro infantil sobre diversidad: Elsa Osorio recomienda un libro infantil que cuestiona los prejuicios
La novela de Sepúlveda presenta una situación tan improbable como poderosa: una gaviota queda al cuidado de un gato negro y corpulento, que asume una responsabilidad inesperada desde el momento en que el ave todavía está dentro del huevo. La relación entre ambos se construye a partir del cuidado, la confianza y el compromiso, aun cuando sus diferencias parecen evidentes.
Para Osorio, allí reside una de las mayores fortalezas del libro. La historia permite comprender que una familia, una amistad o una comunidad no tienen por qué estar definidas por la semejanza. El afecto puede organizarse alrededor de la protección y la solidaridad, incluso entre personajes que pertenecen a mundos completamente distintos.
La escritora considera que ese mensaje llega a los lectores más jóvenes sin recurrir a explicaciones difíciles ni a discursos abstractos. La literatura logra mostrar, a través de acciones concretas, que los prejuicios pueden ponerse en duda. El gato no se convierte en una figura protectora porque deje de ser gato, ni la gaviota abandona su identidad para ser aceptada: el vínculo se desarrolla respetando las particularidades de cada personaje.
Una aventura entre animales, viajes y lenguajes compartidos
Otro aspecto que Osorio destaca es la amplitud del mundo narrativo creado por Sepúlveda. En sus comentarios aparecen las gaviotas, sus desplazamientos, los lugares lejanos y las diferentes historias que se cruzan dentro del relato. Esa dimensión de viaje amplía la experiencia infantil y permite que los lectores se asomen a escenarios que no necesitan haber visitado para resultarles familiares.
La novela también trabaja con distintas formas de comunicación. Los animales poseen códigos propios, pero encuentran maneras de entenderse y de construir acuerdos. El lenguaje no funciona solamente como una herramienta para transmitir información: también expresa pertenencia, identidad y deseo de acercamiento.
Osorio, cuya obra literaria explora con frecuencia la memoria, la identidad y los derechos humanos, reconoce en ese recurso una conexión con sus propias preocupaciones como autora. La diferencia no aparece presentada como un problema que deba eliminarse, sino como una condición que puede dar lugar a nuevas formas de convivencia.
La gaviota Afortunada y el valor de recibir un nombre
Dentro de la historia, la gaviota recibe el nombre de Afortunada por parte de quienes la acompañan. Ese gesto tiene una importancia que excede la anécdota. Nombrar también significa reconocer, integrar y otorgar un lugar dentro de una comunidad.
La relación con el gato que la cuida refuerza esa idea. La gaviota puede sentirse querida por alguien distinto, sin que esa diferencia vuelva menos legítimo el vínculo. Para los chicos, la situación puede leerse como una aventura protagonizada por animales; para los adultos, ofrece una oportunidad para conversar sobre la adopción, la responsabilidad, la empatía y las familias construidas de maneras diversas.
Por qué la autora vincula la lectura con la vida interior
La recomendación de Osorio también se apoya en una defensa más amplia de la lectura. La escritora sostiene que un libro propone una experiencia que ninguna pantalla puede entregar del mismo modo: cada lector imagina los rostros, los paisajes, las voces y los movimientos a partir de las palabras.
En una película o en un contenido audiovisual, buena parte de esas decisiones ya fueron tomadas por otras personas. En cambio, el texto literario exige una participación activa. El lector completa lo que no está dicho, crea imágenes personales y relaciona la historia con recuerdos, emociones y preguntas propias.
Ese proceso puede ser especialmente relevante durante la infancia, cuando la imaginación todavía se encuentra en plena expansión. Leer no implica únicamente incorporar vocabulario o mejorar la comprensión de textos. También supone reconocer estados de ánimo, anticipar consecuencias, interpretar conductas y ensayar distintas perspectivas sobre un mismo conflicto.
La autora de A veinte años, Luz plantea que el libro ayuda a conocerse porque ofrece un espacio de introspección. Incluso cuando la trama ocurre en lugares lejanos o está protagonizada por animales, puede despertar sentimientos muy cercanos: miedo, soledad, curiosidad, ternura, deseo de pertenecer o necesidad de ser cuidado.
El contraste entre concentración, pantallas y lectura compartida
Osorio también reivindica la lectura como una práctica que favorece la concentración. Su observación aparece en un contexto en el que chicos y adultos conviven con múltiples estímulos digitales, notificaciones y contenidos breves que compiten permanentemente por la atención.
La comparación no supone negar el valor de la tecnología ni presentar las pantallas como enemigas de la infancia. El punto está en que cada soporte propone una relación diferente con el tiempo. Una lectura sostenida requiere detenerse, seguir una secuencia, recordar personajes y aceptar que la historia no se resuelve de inmediato.
Cuando un adulto lee junto a un chico, además, el libro se transforma en una experiencia compartida. La conversación puede interrumpir el relato para explicar una palabra, anticipar qué podría ocurrir o relacionar una escena con una situación conocida. Ese intercambio fortalece el vínculo y evita que la lectura quede reducida a una tarea escolar.
La recomendación de Osorio resulta útil en ese sentido porque no presenta el libro como una obligación. Su propuesta apunta a recuperar el placer de descubrir una historia y a mostrar que leer puede acompañar diferentes etapas de la vida. Un niño puede disfrutar la aventura; un adolescente puede detenerse en las preguntas sobre identidad; un adulto puede interpretar el relato desde sus propias experiencias.
El cuidado del lenguaje como parte de la experiencia literaria
La elección de Sepúlveda también dialoga con la relación que Osorio mantiene con las palabras. La autora ha contado que revisa cuidadosamente sus novelas y que presta atención a que cada término responda a una necesidad precisa. Incluso se ha referido a su preocupación por que sus libros conserven la misma calidad lingüística en sus ediciones de la Argentina y España.
Ese cuidado permite entender por qué valora una obra en la que el lenguaje cumple varias funciones al mismo tiempo. El relato cuenta una aventura, construye personajes, produce humor y transmite una mirada sobre la convivencia. No hace falta separar la forma del contenido: la manera en que se narran los hechos contribuye a que el mensaje llegue con naturalidad.
En la literatura infantil, esa precisión es especialmente importante. Un texto dirigido a chicos no tiene por qué ser pobre, simplificado en exceso o previsible. Puede ofrecer palabras nuevas, imágenes complejas y situaciones que requieran interpretación, siempre que el relato mantenga un ritmo capaz de sostener el interés.
Cómo aprovechar este libro en familia o en la escuela
La obra puede leerse de distintas maneras según la edad y el contexto. En una familia, una persona adulta puede acompañar los capítulos y dejar espacio para que el chico formule preguntas. No es necesario explicar cada símbolo ni convertir la lectura en un examen: muchas veces alcanza con preguntar qué personaje le gustó más, qué decisión le pareció justa o cómo habría actuado en una escena determinada.
En la escuela, el libro puede servir como punto de partida para trabajar narración, descripción de personajes y construcción de escenarios. También permite abordar conversaciones sobre diversidad, convivencia, cuidado de los animales y resolución de conflictos. La historia ofrece situaciones concretas que pueden analizarse sin imponer una única interpretación.
Otra posibilidad consiste en comparar las imágenes mentales de distintos lectores. Cada chico puede dibujar cómo imagina el puerto, a la gaviota o al gato, y luego observar que una misma frase puede generar representaciones diferentes. Esa actividad muestra de manera sencilla la idea que Osorio defiende: las palabras no entregan una imagen cerrada, sino que activan una creación personal.
Una recomendación literaria con efectos en la visibilidad de librerías y editoriales
La elección de Osorio puede favorecer el interés por una obra que combina reconocimiento literario y accesibilidad para lectores jóvenes. Para librerías, editoriales, bibliotecas y proyectos culturales, este tipo de recomendación demuestra la importancia de describir los libros desde sus temas concretos: diversidad, amistad, viajes, cuidado y lectura compartida.
En los espacios digitales dedicados a la venta o difusión de libros infantiles, una ficha clara debería informar la edad orientativa, el autor, el argumento sin revelar el desenlace y los temas que pueden trabajarse. También resulta útil diferenciar entre una lectura para acompañar en familia y una obra pensada para lectores autónomos. Esa información ayuda a que madres, padres, docentes y bibliotecarios encuentren una propuesta adecuada sin depender únicamente de la portada.
La visibilidad orgánica de un libro no se sostiene solo con repetir su título. Las búsquedas de los lectores suelen estar vinculadas con necesidades concretas, como encontrar cuentos sobre diversidad, novelas breves para leer con chicos o historias infantiles sobre animales y amistad. Una recomendación como la de Osorio permite conectar la obra con esas inquietudes de manera natural, siempre que la descripción sea fiel al contenido.
El interés también puede trasladarse a actividades presenciales: clubes de lectura, encuentros escolares, vidrieras temáticas y propuestas de bibliotecas. En todos los casos, el eje debería ser la experiencia de lectura y no una promoción forzada. El valor de la obra está precisamente en que habilita conversaciones que continúan después de cerrar el libro.
La recomendación de Elsa Osorio recupera una idea sencilla pero vigente: un libro para chicos puede entretener, emocionar y al mismo tiempo ofrecer herramientas para mirar a los demás con menos prejuicios. Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar aparece así como una lectura posible para compartir, conversar y volver a descubrir con el paso de los años.
Preguntas frecuentes
¿Qué libro recomienda Elsa Osorio para leer con chicos?
Elsa Osorio recomienda Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, de Luis Sepúlveda. La autora valora que la novela combine aventura, humor y viajes con una reflexión accesible sobre la diversidad, el cuidado, la amistad y la posibilidad de construir vínculos entre seres muy diferentes.
¿Qué temas trabaja Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar?
El libro aborda la solidaridad, la responsabilidad, la convivencia y la superación de prejuicios. La relación entre una gaviota y un gato permite conversar sobre familias diversas, afecto, identidad y cuidado. También presenta una aventura con animales, viajes y distintos modos de comunicarse.
¿Por qué Elsa Osorio defiende la lectura frente a las pantallas?
Osorio sostiene que la lectura estimula la imaginación y la concentración porque cada persona crea sus propias imágenes a partir de las palabras. A diferencia de una pantalla, el libro deja un espacio mayor para completar escenarios, personajes y emociones, además de favorecer una relación más pausada con la historia.
¿Cómo se puede leer este libro en familia?
Una alternativa es leerlo por capítulos y conversar sobre las decisiones de los personajes, sus emociones y las diferencias entre ellos. No hace falta transformar la actividad en una evaluación. También se pueden dibujar escenas, imaginar otros finales o relacionar el relato con situaciones de convivencia conocidas.
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